El siguiente artículo, escrito por J.P. McEvoy, apareció en el "Reader's Digest" de Diciembre, 1944. El trabajo recuenta el éxito ejemplar del municipio de Cárdenas en el tema del activismo cívico, cuando tomó "el sarten por el mango" al comenzar a reparar sus propias calles en 1939. En particular, es un tributo a un pequeño aspecto de la vida y obra de un cardenense "adoptivo": el respetado maestro, lider y visionario, el Dr. Robert L. Wharton.

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Como ciudadanos cubanos, estimulados contra la ineficiencia burocrática
por un misionero norteamericano, trabajan juntos por el mejoramiento cívico

Mil Hombres - y un Hombre
Condensado de The Pan American - J.P. McEvoy

Cuba no es todo ron y rumba. Hoy, a través de toda la isla, los cubanos calladamente están llevando a cabo una revuelta popular en contra de la ineficiencia y corrupción de la burocracia gubernamental. Su programa es tan sencillo y práctico que podía servir de modelo para los contribuyentes agonizantes de cualquier comunidad de cualquier país, incluyendo el nuestro. Se llama Mil Hombres, una organización permanente de 1000 ciudadanos en cada uno de 40 pueblos, que se han comprometido a pagar $1 mensual cada uno, para pavimentar calles, controlar mosquitos, purificar el agua, o llevar a cabo cualquier otro mejoramiento cívico.

El movimiento comenzó hace cinco años en Cárdenas, una ciudad costera de 40,000. Aquí los Mil Hombres han recaudado suficiente dinero para pavimentar 200 calles de la ciudad, tanto como para completar otras obras públicas.

Un tanto de trasfondo se hace necesario para explicar porqué los ciudadanos de 40 ciudades y pueblos cubanos han tomado "el sartén por el mango" y han organizado sus propios Mil Hombres.

Cubanos jocosos le dirían que en la isla existen solamente dos industrias: el azucar y el presupuesto. Y agregan que: "Los norteamericanos tienen todo el negocio grande, los españoles tienen todo el negocio pequeño, y no queda más nada para los cubanos que no sea el gobierno."

El resultado: hay más oficiales que puestos públicos, y una parte alarmante del ingreso nacional se paga en salarios a empleados caracterizados por Secades, el mejor conocido humorista de Cuba, de la siguiente manera: "Cuando a un cubano le dan un puesto público hace tres cosas. Entra y firma la nómina, entonces sale a tomarse un café, y después regresa a retirar su gorro." Pero hasta el mejor de los mejores chistes cansa, y por ende, la revolución de los contribuyentes.

Detrás de los Mil Hombres está el hombre que lo comenzó todo, un misionero norteamericano de 72 años, el Dr. Robert L. Wharton, quien llegó a Cuba en 1890, fundó una escuela en Cárdenas y enseñó ahí continuamente durante 42 años - hasta que lo jubiló, aun sano y fuerte, la Junta de Misiones Nacionales de la Iglesia Presbiteriana.

Habiendo comenzado en una habitación alquilada con una pizarra y 14 estudiantes, la escuela del Dr. Wharton, La Progresiva, creció a ser una institución que tuvo una profunda influencia sobre las normas educacionales de Cuba. Fiel a su nombre, se convirtió en un centro de pensamiento progresista y acción a favor de la comunidad local, donde jóvenes cubanos estudiaban los problemas de Cuba a la par de los otros más sencillos que aparecían en sus libros.

El programa de los Mil Hombres surgió de una de estas clases. Uno de los mayores problemas de Cuba ha sido como lograr tener buenas carreteras y calles pavimentadas en las ciudades, y las "Buenas Carreteras" se convirtió en una asignación de estudio permanente para los grados mayores de la escuela. A los alumnos se le exortaba a conseguir folletos técnicos de burós gubernamentales, universidades y grupos cívicos de los Estados Unidos. A todos se les pidió que hablaran de buenas carreteras y calles pavimentadas, y cada uno se comprometió hablarle a 20 personas cada día sobre lo que eso le representaría para Cárdenas.

Un par de meses de eso y todo el pueblo estaba revuelto. El club local de los Rotarios ofreció premios por las mejores composiciones sobre buenas carreteras. La publicación de los mismos alentó al pueblo a convocar una reunión masiva, en la cual se nombró un comité de 25 ciudadanos para tomar alguna acción al respecto. En el comité habían comerciantes, doctores, abogados y obreros - algunos de los más ricos del pueblo como de los más pobres. Eran los lideres naturales de la comunidad, ahora en pie de acción. Cientos y miles de dólares se habían señalado a través de los años para carreteras y calles y el dinero se había gastado, pero todavía no tenían ni carreteras ni calles buenas.

Los Mil Hombres de hoy dicen que fue el Dr. Wharton que enfocó su revolución en un plan simple y eficaz. "Primero, no tratemos de pavimentar todas las calles de un solo viaje," les dijo. "Pavimentemos una cuadra a la vez. En segundo lugar, no tratemos de hacerlo todo nosotros solos. La ciudad le pertenece a todos - dejemos que todos ayuden. Y si hacemos cualquier cosa, comenzemos de manera que podamos continuar, no solamente por unas semanas o meses - sinó año tras año. Muchos programas nacen del entusiasmo, para después morir de abandono, y eso casi siempre sucede, no porque el programa es malo, sinó porque es demasiado bueno - demasiado grande, demasiado ambicioso y demasiado impráctico."

Que costaría pavimentar una cuadra de la ciudad? Quinientos dolares. "Vamos a comenzar con eso," dijo el Dr. Wharton. "Podramos lograr que 500 personas den $1 cada uno?" El comité pensó que sería facil - y así fue.

"Y ahora vamos a lograr que 500 personas más den un dólar cada uno y lograremos hacer otra cuadra," dijo el Dr. Wharton. Y eso, también, se logró.

Arte de magia! Después de años de abandono burocrático, dos cuadras de la ciudad se habían pavimentado! Se podía caminar o conducir un auto sobre ellas - pero cierto que no muy lejos, antes de caer de nuevo en el fango o el polvo.

"Ahora tenemos mil hombres," dijo el Dr. Wharton. "Vamos a mantener eso como una unidad. Al darse de baja algunos, reclutaremos a otros. Mil hombres contribuyendo con un dólar mensualmente pavimentarán dos cuadras mensuales, o 24 cuadras al año." El comité pensó que eso era muy despacio. Porqué no cobrarles $5 a algunos, y a los ricos tanto como $50? Pero nó. El Dr. Wharton los mantuvo fieles a la idea original. "Otros darán más," les aseguró, "y con gusto, cuando vean los resultados."

Resultó ser profeta honorable. Los Mil Hombres se organizaron en sub-grupos de abogados, doctores, comerciantes y obreros. Algunos de ellos, además de dar de sus dólares, contribuían con sus servicios. Técnicos contribuían sus conocimientos, y obreros ponían la mano de obra. El hombre más rico de la ciudad dió miles de dólares. Algunos de los Mil Hombres eran mujeres, quienes organizaron fiestas y otros eventos que recaudaban casi $5000 anuales durante cinco años.

Hasta el gobierno provincial y el municipal se interesaron en contribuir con dinero y materiales, y el gobierno nacional no solamente le otorgó a Cárdenas una asignación para las obras públicas, sinó insistió en que el dinero se le diera a los Mil Hombres. Los resultados fueron tan satisfactorios que por decreto reciente el gobierno reconoce a todos los comités similares, dondequiera que se hayan organizado, y los utiliza en el gasto de los fondos públicos disponibles.

Naturalmente, no todo ha sido éxtasis y rosas. En la primera reunión, el Dr. Wharton dictaminó que la organización "debería mantenerse libre de actividad política. Los políticos resintieron eso y querían saber porqué les había excluido. El Dr. Wharton explicó que a los políticos no se les estaba excluyendo, pero la política sí. A los políticos se les daba la bienvenida, como ciudadanos. Esto logró satisfacerlos - y aquellos que vinieron a criticar se quedaron para pagar. Un político prominente que vivía en La Habana enviaba su cheque personal: de $25 mensuales por dos años.

La naturaleza humana también sigue adelante en Cuba. Muchos de la clase más humilde que viven en las orillas del pueblo se quejaban al comité porque se estaban pavimentando las calles del centro de la ciudad primero. Al pobre lo estaban "clavando" de nuevo, decían. Pues se acordó pavimentar un circuito alrededor de todo el pueblo.

La casa de cada miembro en Cárdenas tiene un pequeño Mil en letra cursiva, fijado en la puerta. En Matanzas, capital de la provincia, la palabra Mil, en un color amarillo subido, aparece en las puertas de casi todas las casas y tiendas. En Pinar del Río, capital de la faja de tabaco más fino del mundo, el número 1000 apparece en las puertas, con el lema "Todos por Pinar del Río." Aquí el primer proyecto de los Mil Hombres fue construir canales de drenaje para el control de los mosquitos. Después de solo dos años de haberse establecidos, los Mil Hombres han hecho $100,000 de trabajo en la ciudad - el mismo trabajo, se dice, por cual se habían programado y disipado $350,000 a través de los años, sin haberse hecho casi nada.

A Cárdenas llegan delegaciones de toda la isla, tanto como de otros paises del Caribe, para aprender a organizar comités de Mil Hombres en sus comunidades. Muchos quieren ver con sus propios ojos si es verdad que funciona el programa, ya que a los cubanos les encanta decir que ellos jamás pueden trabajar juntos - "demasiado individualistas y temperamentales."

Pero el Dr. Robert L. Wharton, a raiz de su experiencia de vivir y trabajar con los cubanos, dice que los cubanos trabajan juntos a la par de cualquier otro pueblo, si tienen entre manos un programa que merece la pena y un lider competente. "Cuba es un país joven," explica. "Pues; ni tiene la edad que tengo yo. La mayoría de sus problemas están relacionados con el crecimiento. Fue la última colonia del Nuevo Mundo en liberarse de España; en menos de 50 años de independencia no ha tenido tiempo ni oportunidad de entrenar ni una sola generación en la complicada técnica del gobierno democrático.

"Pero una nueva generación de cubanos esta creciendo - una generación con anxias de desarrollar su país, capacitada y dispuesta a trabajar junta." Para enfatizar este punto, el Dr. Wharton presenta los visitantes escépticos al comité ejecutivo de los Mil Hombres, un comité de 25 que viene reuniendose fielmente todos los Lunes por la noche desde hace cinco años. "Gánele a eso, si puede, en Los Estados Unidos, o en cualquier otro lugar!" dice el hombre detrás de los Mil Hombres.

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Nota: Compare la diferencia entre la foto de arriba y casi la misma vista hoy, después del pase de 37 años de destrucción bajo el régimen de Castro. En Cárdenas no se han construido edificios nuevos, no se ha hecho arreglos de ninguna índole, ni ha recibido una buena pintura. Y ni hablemos de recibir una pavimentación de sus calles. Esta imagen es una ampliación de una de las fotos tomadas por Silvia De Dios en 1991.

Un agradecimiento especial al Sr. Roger Hernández por habernos enviado el artículo.

Traducción de: E.J. de la Fé

Mounument to the flag built by the Arechabala company

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